La inseguridad en la adolescencia y mindfulness

Si hay algo que es inherente a la adolescencia es la inseguridad. El objetivo de nuestros programas de mindfulness, que enseñamos en los colegios e institutos desde hace años, es ayudar a los adolescentes a conocerse mejor para no ser víctimas de sus impulsos, de los altibajos de sus estados de ánimo y de sus pensamientos negativos.


Nuestros programas les proporcionan las herramientas para tener más autonomía en la gestión de su propio bienestar, para sentirse mejor consigo mismo y con los demás.


¿Por qué aparece la inseguridad especialmente en la adolescencia?

Hay tres fuentes fundamentales:


1. Revolución hormonal: sus cuerpos están en un proceso de marcados cambios que les hacen estar cada vez más inseguros, casi no pueden reconocerse a ellos mismos.

2. Afrontar la incertidumbre: empiezan a tomar las decisiones sin la ayuda de sus padres. Por ejemplo, la llegada al instituto, o nuevos grupos de amigos, o bien el planteamiento de su propia vida, qué va a estudiar, en qué trabajará.

3. Encontrar su sitio entre iguales: el adolescente comienza a salir de la seguridad del nido familiar y busca su lugar entre sus amigos, sus compañeros de clase, o de su equipo de deporte. Y desde hace no muchos años su sitio en esa comunidad global que les llega a través de internet.


Pertenecer a un grupo

Ante estas nuevas situaciones, surge esa inseguridad y se plantean constantemente: ¿Caeré bien? ¿Estaré a la altura? ¿Soy lo suficientemente atractivo/a, o simpático/a, interesante? ¿Querrán estar conmigo o van a rechazarme?


Hay una búsqueda continua de esa aprobación. El problema es cuando esa inseguridad lleva a comportamientos no deseables como replegarse sobre sí mismos con una inclinación a la depresión o incluso a comportamientos auto-lesivos, agresivos o toma de alcohol y drogas.


O bien los que llevan a comportamientos de riesgo para ser “admirados” desde fuera: desde alteraciones de hábitos alimenticios para entrar en los cánones de belleza, hasta hacer “proezas” poniendo en riesgo su integridad física o la de los demás.


Y eso es lo que intentamos evitar, esa subyugación al juicio externo. Aunque la sensación que tiene el adolescente es que está expuesto al juicio de los demás constantemente, en realidad, gran parte de ese juicio viene de ellos/as mismos, de su propia mente, que como aprenden en nuestro curso, la mente puede ser nuestra gran amiga o nuestro más terrible enemigo.


Programa AMBAR para adolescentes

A través de este programa llevamos esa mirada que siempre está buscando aprobación y estímulo fuera, hacia dentro. Observamos nuestra mente y nos damos cuenta de que esos pensamientos que nos juzgan y nos generan emociones desagradables o impulsivas y también llevan a ciertos comportamientos son solo eso, pensamientos, algo que va y viene, no son hechos.


Puesto que la mente puede ser un poco traicionera, lo que hacemos en clase es llevar la atención al cuerpo, como si lo observáramos desde dentro, donde no hay juicios, solo sensaciones. Aprendemos a permitir, a acoger cualquiera que sea la sensación, suavizando, relajando y eso es lo que permite que las emociones y los impulsos se apacigüen.


La invitación es buscar la seguridad desde dentro, sin depender de las circunstancias externas, trayendo siempre, y esto es fundamental, mucha amabilidad a la experiencia de cada momento, hacia uno mismo y hacia los demás.


Y digo los demás porque una parte importante de las clases de mindfulness es un espacio en el que se comparten experiencias, y esto abre mucho los ojos a los alumnos ya que se dan cuenta de que todos más o menos están pasando por lo mismo, de que todos somos mucho más parecidos de lo que pensamos.